REQUISITOS DEL SUELO Y SUSCEPTIBILIDAD A CLORUROS

     Carlos  Benavides Z.

Depto. de Ingeniería y Suelos

Universidad de Chile

INTRODUCCIÓN

En el país, en condiciones climáticamente aptas en relación con un cultivar dado, se pueden encontrar rangos amplios de calidades de suelo y de aguas de riego para el cultivo del palto, variando éstas desde situaciones muy restrictivas, técnicamente inviables o de alto costo de habilitación, hasta situaciones escasamente limitativas en donde solamente es necesario considerar prácticas dé manejo corrientes.

El objetivo del presente artículo es revisar los principales criterios técnicos para la evaluación de sitios, que tienen relación con aspectos de suelos y aguas, e indicar, sobre la base de éstos, diversas opciones de habilitación y manejo para enfrentar escenarios de suelos y aguas poco favorables para el cultivo del palto. Especialmente en áreas: 1) donde la potencialidad del clima para el establecimiento de huertos industriales, la disponibilidad de recursos humanos, de infraestructura vial y de procesamiento, contribuyan decisivamente a hacer interesante un proyecto de plantación y, 2) donde sea necesario considerar un mejoramiento de las plantaciones existentes.

REQUERIMIENTOS EDÁFICOS DEL PALTO

El desarrollo óptimo de las especies frutales involucra requerimientos específicos de suelo.

En el Cuadro 1, se presentan los valores para los parámetros edáficos de adaptación del palto más importantes a controlar por: 1) inspección de los suelos en terreno y, 2) mediante análisis químico, a base de calicatas y muestras de suelos, respectivamente.

La información contenida en el Cuadro 1 requiere de ciertas precisiones a fin de hacerla útil:

a) La profundidad efectiva corresponde a la profundidad libre de impedimentos para el crecimiento de las raíces.

Los valores de profundidad efectiva indicados en el Cuadro 1 reflejan la experiencia nacional. Galán (1990) indica un mínimo de 80-100 cm de suelo bien estructurado sobre sustrato permeable.

Cuando la limitación no es el nivel freático, sino una estrata restrictiva que previene marcadamente o impide el desarrollo de la raíz, los valores indicados (Cuadro 1) consideran que la estrata restrictiva debe ser permeable al agua en suelos de topografía plana.

De lo contrario, si la estrata limitante de la profundidad efectiva en suelos planos es impermeable al agua, se interfiere el drenaje interno y la percolación profunda de los excesos de agua de lluvia y/o riego. Procesos que son especialmente importantes para evitar:

1) Acumulaciones de agua en la zona de raíces y asegurar una adecuada aireación del suelo y buen estado sanitario de las raíces, reduciéndose el riesgo de problemas de asfixia radical y de infección de raíces con Phytophthora cinnamomi.

2) Acumulaciones de sales solubles y iones tóxicos en la zona de raíces y asegurar un efectivo balance salino del suelo, reduciéndose el riesgo de problemas de estrés salino y toxicidades, los que se pueden presentar a mediano plazo, en áreas con potencial de salinización por riego.

En suelos inclinados (piedmonts),- la permeabilidad del sustrato es menos crítica que la profundidad de éste, en la medida que aumenta la pendiente del terreno. En este caso, la eliminación de los excedentes de agua y de sales solubles de la zona de raíces está asegurada, en tanto existan vías para el desagüe del escurrimiento subsuperficial (drenaje). Conectado a lo anterior, en este tipo de suelos es de fundamental importancia el aspecto sanitario de las plantaciones, dado que un foco infeccioso de Phytophthora cinnamomi aguas arriba en una plantación puede fácilmente propagarse pendiente abajo, ya sea a través de los escurrimientos superficiales (derrames), o de los subsuperficiates de agua de drenaje.

b) Las clases texturales señaladas en el Cuadro 1 deben interpretarse como las dominantes en el perfil. En el caso de los límites de tolerancia (MG-F), es preferible variaciones hacia el rango de texturas moderadamente gruesas (MG, franco arenosa) a menos que la estructura y porosidad sean muy favorables en el caso que las texturas sean finas (F). Esto último debe ser cuidadosamente evaluado en terreno por un especialista.

Las propiedades de retención de agua y de permeabilidad del subsuelo asociadas a las características 'textura les, modificadas por las condiciones estructurales y de porosidad, como también la permeabilidad del sustrato, son factores de primera importancia a considerar en relación con el riesgo de infección por Phytophthora cinnamomi, por cuanto el hongo requiere de condiciones húmedas para prosperar.

Las texturas finas, particularmente en el subsuelo, corrientemente tienden a generar ambientes húmedos, mal aireados y densos que el palto tolera mal.

En el caso de existir estratificación textural moderada en el perfil, deberá evaluarse la probabilidad de ocurrencia de estratos mal aireados y/o formación de niveles freáticos colgados, problema que no se corrige con subsolado. Al respecto, horizontes arcillosos en el subsuelo (normalmente a profundidades de 60-90 cm) restringen el movimiento descendente del agua, creando zonas saturadas o semi saturadas sobre ellos en el perfil.

De manera similar, los quiebres texturales abruptos representados por secuencias de estratos de materiales de textura más fina, sobre estratos constituidos por materiales de textura más gruesa, tienden a mantener niveles de humedad altos en el estrato superior y, en casos extremos, niveles freáticos colgados, a menos que mediante el manejo hídrico del suelo se aseguren niveles altos de humedad en el estrato subyacente (mayor conductividad hidráulica) en todo momento, con el fin de facilitar la descarga de agua en profundidad. Manejo que puede ser riesgoso desde el punto de vista aireación y sanitario en el caso de una especie sensible como el palto. Este tipo de comportamiento es el que frecuentemente ocurrirá en suelos aluviales, en la transición del subsuelo al sustrato pedregoso con matrices texturalmente gruesas en los cuales, además, la porosidad total del perfil se reduce en forma significativa al nivel de la transición.

Las consideraciones anteriores están señalando que la uniformidad textura¡ del perfil es un aspecto importante, ya que simplifica el manejo del agua de riego, reduce riesgos fitosanitarios de raíces y de toxicidad por cloruros.

c), La clase de drenaje es un factor clave, pues el palto requiere suelos bien drenados (w5).

En la clase de drenaje w5 los excedentes de agua de riego o lluvia son efectivamente removidos del suelo, pero no en forma rápida. El drenaje intemo y externo del suelo son óptimos. Según lo anterior, los suelos están libre de moteados debido a las condiciones de buena aireación, no existiendo períodos prolongados de humedad excesiva en el perfil. El nivel freático está ausente o se localiza profundamente (>150 cm).

En condiciones de buen drenaje no hay problemas de asfixia radical, no se desarrolla la infección fungosa del sistema radical inductora del síndrome denominado "tristeza del palto" y, se logra un adecuado balance salino en forma natural (lluvias invemales) y/o mediante manejo del riego (requerimientos de lavado).

d) La reacción del suelo (pH), dentro de los límites indicados como óptimos (reacción neutra) en el Cuadro 1, se pueden descartar deficiencias de hierro, zinc (más frecuentes) y manganeso (ocasionales).

En situaciones de deficiencia (hambre oculta o con síntomas a la vista), se afecta el rendimiento y la calidad de la producción. Razeto (1991) señala la existencia de problemas de calibre en el caso de deficiencia acentuada de zinc en cv Hass.

El palto es sensible en suelos alcalinos, pH 7,5 - 8,3, a las deficiencias de hierro, existiendo diferencias entre patrones. Los portainjertos de raza Guatemalteca son más susceptibles que los de raza Mexicana (Razeto, 1991).

La selección de suelos para paltos con pH no alcalino (pH < 7,5) cobra importancia en el caso del hierro por dos motivos: 1) evitar la necesidad de tratamientos correctivos a la larga poco eficientes y costosos (Valdés, 1984) y, 2) el análisis foliar es incapaz de detectar su deficiencia, de manera que el problema se reconoce tardíamente, cuando aparecen los síntomas.

e) La relación de adsorción de sodio (SARe), determinada en el extracto de saturación de muestras de suelo, es una medida indirecta del porcentaje de saturación con sodio de la capacidad de intercambio catiónico del suelo (PSI).

En los suelos de reacción ligera a moderadamente alcalina (pH 7,4-8,4), los suelos no salinos (CEe <2 dStm) y sin carbonato de calcio, ni yeso, contienen porcentajes crecientes de sodio intercambiable sin llegar a ser suelos sódicos. En estos suelos, cuando los valores de SARe son superiores a los indicados como tolerables por el palto (SARe>6, Cuadro 1), existen niveles tóxicos de sodio en solución, que inducen quemaduras foliares en el palto debido a acumulación de sodio en las hojas.

En los suelos propiamente sódicos, condición que está definitivamente fuera del rango de adaptación del palto (pH > 8,5 y SARe >10), se generan intensos problemas nutricionales, cuadros de toxicidad por exceso de sodio y problemas físicos en los suelos debido a la dispersión de los coloides (problemas de permeabilidad).

f) La presencia de contenidos altos de carbonato de calcio en la zona de raíces en los suelos, es un factor negativo para el cultivo del palto. En estas condiciones se inducen problemas de carencias de hierro, zinc y manganeso.

Un problema común en ciertas zonas es la denominada "clorosis férrica inducida por cal", el cual es agravado en los suelos calcáreos por condiciones de humedad alta en el suelo (riego excesivo, encharcamiento de agua por microrelieve, drenaje interno restringido).

Frecuentemente, los suelos con carbonato de calcio en la Hoya del Maipo (Zona central) presentan valores de pH en un rango 7,9-8,2 asociados a contenidos de carbonato 8-10%. En estos casos la reacción al HCI 113 es violenta, siendo frecuente la existencia de sintomatologías de carencia de hierro.

g) La evaluación del contenido de cloruros del suelo se realiza analizando el extracto de saturación de muestras de suelo. El palto es particularmente sensible a los excesos de este anión en el suelo.

El valor indicado en Cuadro 1 corresponde al máximo tolerado por cultivares de raza Mexicana, según Berstein (1965). Este valor crítico cambia en relación con la tolerancia de los portainjertos disponibles.

h) El nivel de salinidad (CEe) del suelo se mide en términos de conductividad eléctrica del extracto de saturación (CEe) de muestras de suelo y se expresa en dS/m (equivalente a mmhoslcm).

De acuerdo con Ayers y Westcot (1976), los valores indicados en el Cuadro 1 se refieren al valor umbral (señalado como límite superior del rango óptimo) y el correspondiente a una reducción del 10% del rendimiento potencial (señalado como valor superior tolerado). Por calibración, estas cifras corresponden a valores promedios en la zona de raíces del árbol. Los datos se interpretan considerando que a partir del valor umbral, se produce una disminución de 21 % en la productividad potencial, por cada 1 dS/m de aumento sobre el valor umbral de la especie.

La acumulación de sales solubles actúa en forma aditiva al aumento de la tensión del agua en el suelo, reduciendo aún más la disponibilidad de agua para el árbol. El problema mayor es que, frecuentemente, asociado a niveles relativamente moderados de salinidad, existen niveles indeseables de cloruros.

CLASES DE APTITUD FRUTAL

Una primera aproximación en la evaluación de la aptitud de un suelo para el establecimiento de huertos de paltos, se puede obtener del análisis de la pauta para la clasificación de la aptitud frutal de un suelo de Valdés y Munita (1971), la que se indica en el Cuadro 2. Esta clasificación es empleada en el país en los estudios oficiales y privados de reconocimiento de suelos y normalmente las unidades cartográficas, a nivel de fases de series de suelos, están clasificadas pero según un criterio general de aptitud frutal.

Clases de aptitud de suelos para paltos                                                              

De acuerdo con los requerimientos específicos indicados en el Cuadro 1, e interpretando la pauta de Valdés y Munita (1971) (Cuadro 2), la aptitud de los suelos para paltos se puede definir del modo siguiente:

Suelos sin limitaciones. Un suelo sin limitaciones para paltos debe satisfacer los requirimientos de la Clase A (Cuadro 2), con la siguiente observación: a) el suelo no debe presentar moteados. Debe verificarse que la estructura y la porosidad son efectivamente favorables en todo el perfil.

Suelos con ligeras limitaciones. Un suelo con ligeras limitaciones para paltos

En general, a medida que se incrementa el tipo y grado de limitaciones físicas o químicas del suelo, los requerimientos de manejo para mantener condiciones favorables en la zona de raíces, se pueden elevar a un punto tal que no es posible asegurar su logro en la mayoría de los casos, transformándose éstos en problemas recurrentes de riego, nutrición y fitosanitarios, los cuales se traducen finalmente en resultados productivos deficientes (Benavides, 1991 a). De hecho, ésta ha sido la situación resultante en muchos casos, debido a defectos en la evaluación inicial de la calidad de los suelos.

En este sentido, contar con pautas técnicas para calificar la aptitud específica de los suelos considerados en un proyecto frutícola determinado, tiene utilidad para "medir" el grado de desajuste existente, lo que a su vez permite establecer el tipo de tecnología de suelos necesaria para su mejoramiento y los costos correspondientes.

En la actualidad, la creciente presión económica está favoreciendo la implementación de medidas por las cuales, suelos marginales afectados por diversas limitaciones, puedan ser usados productivamente (Wooldridge y Harris, 1991). Tendencia que se observa en alza en el país.

En el Cuadro 3 se indican algunas restricciones iniciales del suelo para la implantación de especies frutales. La mayoría de las limitaciones señaladas pueden ser corregidas mediante diversos procedimientos de tecnología de suelos.

Tecnología de suelos

La inclusión de suelos con problemas de adaptación física o química como los señalados en el Cuadro 3, cuidadosamente diagnosticados mediante estudios de suelos detallados, contempla una ,serie de medidas de modificación, habilitación y de manejo de suelos (Benavides, 1991 a y b; Silva, 1996). Entre las de tipo físico se pueden mencionar las siguientes:                                                                                                             

Modificación de perfiles de suelos. Consiste en una alteración mecánica de una parte del perfil de suelo en profundidad (normalmente >30 cm), con el fin de eliminar o reducir factores limitantes de tipo físico y mejorar de manera más o menos permanente el comportamiento agronómico del suelo (Wildman et a/, 1979; Eck y Unger,1985).

La modificación de perfiles se considera una técnica orientada al tratamiento de subsuelos limitantes en relación con problemas de profundidad y drenaje interno, debido a: 1) existencia de panes (duripanes, claypan, fragipanes, etc); 2) compactación; y 3) estratificación.

Los equipos que pueden ser utilizados, profundidades máximas y condiciones óptimas de trabajo se indican en el Cuadro 4.

El trabajo realizable con subsoladores es esencialmente fracturar o agrietar los materiales, sin resultado de mezcla. El espaciamiento difiere según la clase de suelos y el objetivo perseguido (mejoramiento del drenaje interno o aumento de la profundidad efectiva).

En el caso de las retroexcavadoras, el trabajo consiste en la excavación de hoyos a las distancias de plantación consideradas. Las excavaciones pueden ser de 1 m2 /hoyo a 3 m2 /hoyo, dependiendo de los objetivos buscados (mejoramiento del drenaje interno o corrección de problemas físicos intensos, respectivamente). En el trabajo realizado por las retroexcavadoras, además de una acción de fractura, se agrega la de una mezcla completa de los materiales.

Cuadro 3. Restricciones físicas y químicas iniciales del suelo para el establecimiento de plantaciones frutales.

1. FISICAS

Impedimentos mecánicos a la penetración de raíces:

-  Densidad aparente alta (compactación) de algún horizonte o estrata.

-  Presencia de estratas cementadas (generalmente a nivel del subsuelo).          

 -  Desfavorable distribución del tamaño de poros

Condiciones anaeróbicas:

- Nivel freático fluctuante o permanente o colgado.

   - Escasa porosidad media o gruesa.            

Temperatura fría del subsuelo:

- < 13° C una parte significativa del año.

Escaso volumen de almacenamiento de agua aprovechable:

- Suelo muy delgado.

- Texturas extremadamente arenosas.    - Alto volumen de piedras en el perfil.                 

- Muy bajo nivel de materia orgánica.

2. QUÍMICAS            .

Salinidad excesiva:

- Exceso de sales solubles.

Problemas de toxicidad:

- Exceso de cloruros.

- Exceso de boro.

Exceso de sodio y sales alcalinas:

- SARe excesivo.

- Carbonato de sodio.

                                                       

Deficiencias nutricionales.

Fuente: Modificado de Silva (1996).

Cuadro 4. Equipos utilizados en modificación de perfiles.

Equipos

Profundidad máxima de trabajo (m)

Acción en el suelo

Condición optima de trabajo

Subsolador

2,0

Fragmentación, sin mezcla

Suelo seco

Retroexcavadora

3.6

Mezcla casi completa

Suelo fiable

La efectividad comparativa de los equipos mencionados frente a los diferentes tipos de problemas físicos se indica en el Cuadro 5.

Camellones. La construcción de camellones es una práctica que puede considerarse alternativa a la de modificación de perfiles, cuando el suelo presenta limitaciones por profundidad y nunca un sustituto total del drenaje artificial (Du Preez, 1985). Esto último es particularmente importante en el caso de paltos.

Consiste en el acopio de suelo superficial, obtenido desde el espacio destinado a las entrehileras, sobre la superficie del suelo de las futuras hileras, con el objetivo de crear un volumen adecuado de enraizamiento. Los camellones se construyen con altura variable, para incrementar artificialmente el espesor del suelo original, el cual presenta limitaciones por impedimentos físicos a escasa profundidad (suelos de baja permeabilidad, panes, sustrato altamente pedregoso, etc). El suelo utilizado en la construcción de los camellones debe ser de buena calidad y libre de arcilla del subsuelo.

Se pueden señalar varias ventajas de esta técnica (Coetzee, 1995): 1) incremento de la profundidad efectiva; 2) aumento de la temperatura de la zona de raíces; 3) mejoramiento del drenaje interno; 4) mejoramiento de la aireación; y 5) facilitar la incorporación de acondicionadores de suelos.

Entre las desventajas Coetzee (1995) menciona las siguientes: 1) desecamiento más rápido del suelo; 2) calentamiento exagerado del suelo; 3) control de malezas restringido al uso de herbicidas; 4) cosecha lenta; y 5) requerir exclusivamente sistemas de riego localizado. A las anteriores habría que agregar: 6) peligro de salinización por riego y 7) problemas de anclaje en el caso de camellones altos, plantados con variedades de gran tamaño en áreas ventosas.

Las dimensiones de los camellones son variables de acuerdo con las condiciones y objetivos. En líneas generales, éstos se construyen con alturas de 30 a 60 cm, 1,8 m de coronamiento (parte superior de la cima) y anchuras en la base desde 2,5 m a 3,5 m, moviendo el suelo en estado de consistencia friable y evitando la formación de estratas en su interior. En suelos planos de hasta 3% de pendiente, los camellones pueden construirse rectos y en suelos de >3% de pendiente, éstos deben hacerse en contorno, con una caída de 1-2% para desagüe (Coetzee, 1995).

Según investigaciones de Wooldridge y Harris (1991) en relación con el drenaje interno, el "efecto camellón" se reduce al aumentar el ancho de éstos y al disminuir su altura, pudiéndose generar en su interior importantes zonas saturadas de agua, en los meses más lluviosos del invierno, en suelos de baja permeabilidad. Según lo anterior, en el caso de paltos lo recomendable, por razones de seguridad, sería utilizar esta técnica para adaptar suelos con problemas de profundidad efectiva más que de drenaje o permeabilidad.

En relación con los problemas señalados en el Cuadro 3, las soluciones pueden ser las siguientes:

i) Impedimentos mecánicos a la penetración de raíces. Corresponde a un problema de escasa profundidad efectiva. La corrección puede implicar:

- Modificación del perfil: a) rotura de panes y mezcla de los materiales del perfil (retroexcavadoras) o, b) por fracturación de los impedimentos (subsoladores), según el caso tratado. Los equipos se indican en el Cuadro 4 y las técnicas en el Cuadro 5.

- Construcción de camellones

ii) Condiciones anaeróbicas. Se distinguen tres casos:

a) Problema del mal drenaje con nivel freático estacionario o fluctuante. La corrección implica:

- Obras de drenaje artificial, las cuales permiten abatir y controlar el nivel freático. La solución del problema de drenaje requiere disponer de una vía de desagüe (boca de salida del sistema) y condiciones topográficas adecuadas, o alternativamente.

- Construcción de camellones, recomendable para paltos sólo en el caso de suelos poco profundos, moderadamente bien drenados.

b) Problema de permeabilidad (nivel freático colgado) asociado a estratificación acentuada del perfil. La corrección puede implicar:

 

- Modificación del Perfil, por mezcla de estratas (retroexcavadoras). Los equipos se indican en el Cuadro 4 y las técnicas en el Cuadro 5.

c) Problema de escaso desarrollo poroso. La corrección corresponde a subsolado. Los equipos se indican en el Cuadro 4 y las técnicas en el Cuadro 5.

iii) Subsuelo frío. Construcción de camellones.

iv) Escaso volumen de almacenamiento de agua aprovechable. Corresponde esencialmente a un problema de frecuencia de riego. La corrección puede implicar, dependiendo del caso:

- Riego mecanizado.

- Construcción de camellones, uso de enmiendas orgánicas y riego mecanizado.

v) Problemas químicos relacionados a exceso de solutos. Se distinguen los siguientes casos:

a) Salinidad excesiva (sales neutras fácilmente lixiviables y/o cloruros). La corrección generalmente implica:

- una combinación de drenaje artificial, lavado del suelo y fertilización después de la habilitación;

b) Peligro de salinización por riego en suelos bien drenados (salinidad y/o cloruros en el agua de riego):

- Manejo del problema en base a requerimientos de lavado.

c) sales difícilmente lixiviables (boro). La corrección puede requerir de drenaje artificial, un acidificante (ácido sulfúrico), lavado del suelo y fertilización después de la habilitación.

d) en el caso de exceso de sodio intercambiable y/o sales solubles alcalinas (carbonato de sodio). La corrección implica una combinación de drenaje artificial, yeso agrícola (enmienda química), lavado del suelo y fertilización después de la habilitación.

La factibilidad económica de los trabajos dependerá, obviamente, de la relación costo/beneficio del mejoramiento y de la rentabilidad del proyecto.

El programa de mejoramiento de suelos marginales deberá considerar:

1) Diagnóstico previo:

- de campo (descripción física y morfológica de los suelos a nivel de fases de series de suelos a base de estudios de suelos detallados, medición de propiedades).

- de laboratorio (análisis químicos y físicos a base de muestreos representativos),

2) Plan de mejoramiento:

- Tipo de trabajo de mejoramiento requerido.

- Condiciones óptimas de trabajo.

- Secuencia correcta de labores.

- Insumos necesarios (fertilizantes, enmiendas químicas y físicas).

3) Normas precisas de manejo posteriores.

SUSCEPTIBILIDAD DEL PALTO A CLORUROS

El palto es una de las especies más sensibles a la salinidad. Como glicofita sensible, su sistema de adaptación a salinidad consiste básicamente en el mecanismo de absorción de sales, lo cual en principio facilitaría el ajuste osmótico de la planta, pero dado que los mecanismos de compartamentalización en estas especies están mal desarrollados, se originan problemas de toxicidad por iones y desequilibrios nutricionales (Láuchi y Epstein, 1984).

Diversas investigaciones (Bingham et al, 1968; Downton, 1978; Oster y Arpaia, 1992) demuestran que plantas de paltos expuestas a medios salinizados (NaCI), exhiben una relativamente rápida absorción de cloruro, el cual se acumula en raíces, tallos y hojas.

Según Oster y Arpaia (1992), al variar la concentración de cloruro del sustrato, las concentraciones de cloruro a nivel de raíces se mantienen prácticamente constantes en valores que no superan el 1 %; en cambio, tallos y especialmente las hojas incrementan su contenido en función de la concentración de cloruro del sustrato. Además, se ha observado que el cloruro se acumula principalmente en hojas maduras; en cambio, en tejido nuevo las concentraciones son inferiores en más de 10 veces.

La cinética de acumulación foliar de cloruro presenta un ritmo característico (Bingham et al, 1968). Al respecto, se ha observado que la tasa de acumulación en las hojas, inicialmente rápida, aumenta con incrementos decrecientes hasta que la concentración foliar alcanza un valor característico (plateau), que es proporcional a la concentracion de cloruro del sustrato. Si eventualmente te aumenta la concentración de cloruro en  el sustrato, se inicia un nuevo período de acumulación con un valor de plateau mayor que el anterior. Estos estudios han demostrado también que bastan del orden de 2-3 meses, para que las concentraciones de cloruro alcancen valores de concentración foliar suficientes para inducir síntomas visuales definidos, los cuales paulatinamente dañan parte importante de la superficie de las hojas afectadas.

Efectos fisiológicos y productivos de la toxicidad por cloruros

En condiciones de estrés por cloruros, la primera consecuencia de los daños foliares, es la pérdida de capacidad fotosintética, por necrosamiento y caída prematura de hojas maduras. Si el daño es severo. Bingham et al. (1968) indican que hay reducción de la capacidad de producción de fruta.

En el Cuadro 6 se presentan resultados experimentales de producción de plantas Hass sobre patrón de raza mexicana y su relación con concentración de cloruro del sustrato, análisis foliar y nivel de síntomas foliares. Las hojas analizadas corresponden al ciclo de crecimiento de primavera y fueron muestreadas en marzo.

Límites de tolerancia a cloruros

Galán (1990) indica que los patrones mexicanos toleran aguas de riego hasta 150 mg CI/L (4 meq CI/L) y los guatemaltecos hasta 250 mg CI/L (7 meq CI/L). Ayers y Westcot (1976) consideran que la concentración de solutos del extracto de saturación es 1,5 veces la del agua de riego, luego, el límite para los patrones mexicanos sería 6 meq CI/L y para los guatemaltecos 10,5 meq CI/L, en términos del extracto de saturación del suelo.

Bingham et al. (1968) estiman, a partir de los datos del Cuadro 6, que el daño en paltos Hass/mexicano se produce con concentraciones del sustrato de 15 meq CI/L. Considerando que el extracto de saturación implica diluir x3 la solución suelo (en este caso representada por la concentración del sustrato), resulta que el valor de la concentración de cloruro equivalente al extracto de saturación sería 5 meq Cl/L. En el Cuadro 7 se resumen con fines de comparación los valores analizados.

Contenido de cloruros de las aguas de riego

En el Cuadro 8 se presenta la clasificación de FAO (Ayers y Westcot, 1976) para la evaluación de salinidad y contenidos de cloruros en aguas de riego. Los valores indicados para cloruros en la clase sin problemas están en el límite de tolerancia para los patrones de raza Mexicana (Cuadro 7). En relación con el mismo aspecto, la norma chilena para aguas de riego, está claramente excedida.

Según Vogel (1985), los contenidos de cloruros son bajos en las aguas de riego en Chile. En general, son inferiores a 1 meq/L (por ejemplo ríos Ligua, Petorca y Aconcagua), con excepción de los ríos Mapocho y Cachapoal con aproximadamente 1,25 meq/L y el río Maipo con 3,7 meq/L, nivel que está prácticamente en el límite sobre el cual comienzan los problemas de toxicidad en la raza Mexicana (Cuadro 7). No obstante, los contenidos de cloruros indicados para la totalidad de los sistemas se clasificarían como adecuados.

Estos antecedentes, de carácter muy general, indican que los problemas de toxicidad en gran parte de la zona productora (V Región) no deberían ser intensos, debido a los bajos contenidos de cloruros del agua de riego.

Datos de González (1984) muestran que considerando la totalidad del sistema tributario del río Aconcagua, los contenidos de cloruros solubles no exceden de 1 meq/L en períodos normales de dotación de agua, dato que concuerda con los informados por Vogel (1985). Sin embargo, Razeto (1976) informa a base de una prospección en 16 plantaciones de palto en la zona de Quillota, que un 95% de los huertos presentó plantas con ápices necróticos, pero que sólo en el 18% de los casos los daños eran severos, estableciéndose una correlación entre síntomas y contenido de cloruros en las aguas de riego, lo cual indicaría la existencia de sectores con aguas con cloruros excesivos, pero también es probable la ocurrencia de inadecuadas prácticas de manejo de suelos y aguas.

González (1984) indica que a medida que el río Aconcagua avanza por el valle, como resultado del aporte de aguas contaminadas, se produce un deterioro relativo de sus propiedades químicas. Estos aportes, en condiciones de abundante dotación de agua, son normalmente diluidos y su impacto es mínimo. No ha ocurrido lo mismo en condiciones de caudales escasos, en los cuales la carga química se ha concentrado. En este caso es esperable, que las aguas del tramo inferior del río puedan presentar ligeros riesgos de salinización de suelos o de efectos sobre los cultivos.

Cuadro 5. Comparación de la efectividad de dos métodos de modificación de perfiles.

**VER TABLA**

Fuente: Benavides (1991), basándose en Eck y Unger (1985).

Cuadro 6. Toxicidad por cloruros y producción en cv Hass.

Concentración sustratos

Concentración foliar

Daño foliar

Producción paltas

meq CI/L

% Cl

 

lb/árbol

0

0.01

ninguno

65

5

0,20

ninguno

28

10

0.48

ligero

35

15

0,80

definido

30

20

1.51

severo

16

       

Fuente: Bingham et al (1968).

Cuadro 7. Comparación de límites de tolerancia a cloruros en paltos, según diversos autores. Valores expresados en meq CI/L.

Autores

Raza Mexicana

Raza

Guatemalteca

 

Agua riego

ext. sat.

Agua riego

ext. sat.

Galán (1990)

4

6

7

10.5

Bingham et al (1961)

3

5

-

-

Berstein (1965) .

3

5

-

-

Fuente: Original en base a las referencias.

Cuadro 8. Calidad del agua de riego según Ayers y Westcot (1976).

grado de problemas

sin

en aumento

severo

Salinidad (dS/m)

< 0,75

0,75-3,0

> 3,0

Cloruros (meq/l)

< 4

04-Oct

> 10

Distinto es el caso del valle del Maipo, por cuanto las aguas del río, como se indicó anteriormente, están en el límite mismo de tolerancia de los patrones de la raza Mexicana, de manera que cualquier defecto en el manejo del riego y limitaciones en el drenaje interno de los suelos, determinará fallas en el balance salino y procesos de acumulación de cloruros que se traducirán en cuadros tóxicos más o menos intensos.

Resulta evidente que en el caso del valle del Maipo, los huertos deben proyectarse utilizando la mayor cantidad de tecnología disponible para compensar diversas limitaciones zonales : cloruros, carbonatos, estratificación textura¡, subsuelos densos en los piedmonts, incluso problemas de mal drenaje.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Ayers, R. and Westcot, D. 1976. Water quality for agriculture. FAO N°29. 97p.

Benavides, C. 1991 a. Modificación de perfiles de suelo. En: Manejo de Suelos en Huertos Frutales. Publicaciones Misceláneas Agrícolas N°35. Departamento Ingeniería y Suelos. Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales. Universidad de Chile. 349 p.

Benavides, C. 1991b. Aplicación de enmiendas químicas. En: Manejo de Suelos en Huertos Frutales. Publicaciones Misceláneas Agrícolas N°35. Departamento Ingeniería y Suelos. Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales. Universidad de Chile. 349 p.

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