5.2.6. Estructura racial

 

La población chilena tiene una estructura étnica conformada por un 30% de blancos o caucásicos; 5% de aborígenes mongoloides y 65% de mestizos predominantemente blancos. El aporte blanco proviene fundamentalmente de españoles (castellanos, andaluces y vascos, en su mayoría) y en grado bastante menor de las diversas inmigraciones ocurridas en Chile (italianos, alemanes, israelitas, yugoeslavos, árabes, etc). De hecho, los extranjeros han sido siempre escasos en Chile, alcanzando solamente a 600 en toda la época colonial; en el censo de 1960 fueron 105.000 (55% de los cuales eran españoles, alemanes, italianos o argentinos, en este orden). Además de poco numerosos se mezclan con rapidez con los nacionales. La población negra siempre fue muy escasa, alcanzando un máximo de 25.000 en la época colonial, incluyendo los de Cuyo. Su elevada mortalidad y el importante contingente que formó parte de la Expedición Libertadora al Perú disminuyeron significativamente este número; su aporte final a la raza no es superior a 1%. Los aborígenes, actuales son relativamente escasos (170.000) de acuerdo a los censos; su número se incrementa si se considera como tales a los que físicamente lo parecen y lingüística y socialmente son temidos por tales.

El grueso de la población chilena tiene un carácter mestizo considerablemente homogéneo. Esta estructura étnica tiene importancia en cuanta a problemas de salud por sus patrones culturales que trascienden en hábitos tales como la ingestión alcohólica o en la interpretación y tratamiento de las enfermedades (medicina folklórica). Igualmente condiciona la defensa contra las enfermedades infecciosas, dado que no ha alcanzado a producirse el fenómeno de selección natural propio de pueblos con antiguo contacto con las enfermedades transmisibles.