PROSTAGLANDINAS.

 

Las prostaglandinas constituyen una larga familia de compuestos naturales aislados de una serie de tejidos de diferentes especies animales. Son aproximadamente tan numerosas como las hormonas esferoidales. Su importancia y significado potencial reside en el hecho de que sus efectos farmacológicos son aún más variados que los de estas últimas. Fueron descubiertas en el año 1930 por Goldblatt y von Euler y permanecieron casi 4o años sin que se les atribuyese mayor importancia. Sólo últimamente fue establecida su estructura química. Casi todas pertenecen al grupo de los ácidas grasos hidroxidados.

Los efectos farmacológicos de las prostaglandinas tiznen un amplio espectro. A1 ser suministradas por vía endovenosa modifican transitoriamente numerosos procesos fisiológicos, tales como presión arterial, número y forma de las plaquetas circulantes, etc. Sus efectos específicos dependen de su estructura, como ha sido demostrado para varias de ellas.

Para su biosíntesis es esencial la presencia de ciertos ácidos grasos provenientes de los fosfolípidos. Uno de sus rasgos significativos es su carácter ubiquiter, o sea, que están presentes en todas las células. Su síntesis se inicia simultáneamente

con la estimulación de la célula y su función primordial es servir como reguladores intracelulares de los efectos de las hormonas mediante su capacidad de variar la cantidad del AMP cíclico. El mecanismo de acción del AMP cíclico está visualizado en forma muy esquemática en la figura 114.

El hallazgo de que en algunos tejidos las prostaglandinas ejercen un efecto similar al de las hormonas respectivas (como es el caso para las hormonas tiroides y córtico-suprarrenales) v que, por otra parte, son capaces de modificar la secreción de éstas, justificó su encasillamiento entre las hormonas. Su mecanismo ha sido parcialmente aclarado por la observación de que en aquellos tejidos en que las prostaglandinas inhiben la respuesta hormonal, inhiben al mismo tiempo la acumulación intracelular del AMP cíclico inducida por la hormona respectiva. A la inversa en todos aquellos tejidos en que acentúan el efecto hormonal, incrementan simultáneamente el AMP cíclico en la célula. Este y otros hechos justifican que se considere a las prostaglandinas como reguladores intracelulares de la actividad hormonal. No existen actualmente evidencias de que las prostaglandinas sean hormonas circulantes. Son más bien sustancias que modifican in situ la actividad del tejido en que han sido formadas. Sin embargo, se encuentran normalmente en la sangre, aunque en concentraciones muy bajas y son rápidamente destruidas. En algunas condiciones patológicas y durante el parto, su concentración sanguínea puede elevarse considerablemente.

La identificación de las prostaglandinas y el esclarecimiento de sus mecanismos de acción, como asimismo su determinación cuantitativa en las células y en los líquidos corporales, requieren todavía extensas investigaciones. Este estudio tropezará con muchas dificultades, debido al elevado número de estos compuestos y al hecho de que la estructura de las diferentes prostaglandinas es muy semejante.

Su importancia fisiológica y terapéutica reside en su distribución ubicua, en su fácil liberación de los tejidos bajo el efecto de estímulos, tanto específicos como específicos, y en su acción inmediata e intensa. Su síntesis ha progresado substancialmente y en los últimos aros se ha logrado sintetizar un número elevado de prostaglandinas.

Su acción ha sido comprobada en la clínica, especialmente en relación con la inducción del parto y la producción de aborto. Su empleo clínico es, sin embargo, muy limitado, debido a sus efectos colaterales (vómito, náuseas y otros).

Producen relajación de la musculatura bronquial y gástrica e inhiben la secreción de jugo gástrico. Su efecto depresor de la presión arterial es muy notorio. Las observaciones clínicas parecen indicar que modifican marcadamente la microcirculación a través de su acción relajadora de las fibras musculares lisas de los pequeños vasos. Además aumentan el número de las plaquetas y la flexibilidad de los glóbulos rojos. Tienen además una acción antinflamatoria.

Se ha demostrado la existencia intracelular de sustancias que inhiben la síntesis de las prostaglandinas (antiprostaglandinas). Parece justificado presumir que tanto las prostaglandinas como sus inhibidores tendrán en un futuro cercano un amplio empleo terapéutico y un papel importante en esclarecer el mecanismo de la respuesta de los tejidos frente a las hormonas.

Creemos de interés decir algunas palabras sobre las prostaglandinas renales en relación con la función antihipertensiva del riñón. En las últimas tres décadas se publicó una vasta literatura sobre el sistema renina-angiotensina. Se ha aceptado la hipótesis de que la función renal facilitadora de la hipertensión consiste en la producción de la renina y la participación de ésta en la formación de un agente vasoconstrictor potente, el polipéptido angiotensina II, como factor fundamental de la hipertensión. De acuerdo con esta hipótesis, la hipertensión arterial humana se debería a la excesiva actividad del sistema renina-angiotensinógeno-angiotensina. Sin embargo, se ha acumulado un número considerable de evidencias de que la hipertensión arterial humana se debería más bien a la insuficiencia de los mecanismos hormonales renales que normalmente tienden a disminuir la presión arterial. Algunos experimentos han revelado irrefutablemente la actividad antihipertensiva de los riñones; por ejemplo, la inyección de extractos renales en animales normotensos produce una caída de larga duración de la presión arterial. El análisis de estos extractos reveló la presencia de tres ácidos grasos de composición similar a la de las prostaglandinas. Este tipo de prostaglandinas depresoras ha sido encontrado también en el semen humano, denominándose inicialmente medulina y actualmente PGA2. La PGA2 reduce la presión arterial mediante su acción dilatadora arteriolar directa y a través de un mecanismo reflejo. No actúa sobre la contractibilidad del miocardio.

Las prostaglandinas se relacionan con el funcionamiento normal de los sistemas endocrinos, reproductivos, nervioso, digestivo, respiratorio, renal y cardiovascular, es decir, ejercen influencia sobre la totalidad del organismo.

Debido a este amplio espectro de acción, es actualmente muy difícil, por no decir imposible, dar una visión panorámica de sus mecanismos de acción.

Cabe señalar que investigaciones de los últimos años han revelado que las antiprostaglandinas actúan por competencia.

La acción de las prostaglandinas sobre el aparato reproductivo de la mujer y especialmente, sobre el útero, consiste predominantemente en la inducción prematura del parto y en la provocación de aborto.

Se acepta la existencia de 13 diferentes prostaglandinas, agrupadas en q series denominadas E, F, A y B, que se diferencian por la estructura de su anillo carbónico.

Las prostaglandinas provocan reacciones que varían según la especie animal. Pero en algunos casos sus efectos, si bien son especie-dependientes, son dosis-dependientes.

Cuando se suministran varias prostaglandinas puede obtenerse sumación de sus efectos.

Es indudable que el esclarecimiento del papel exacto, que las prostaglandinas juegan en el control intracelular, requerirá un considerable caudal de investigaciones futuras. Mientras tanto parece justificado admitir, a la luz de la evidencia experimental disponible que, como hemos explicado, son sustancias reguladoras de los efectos de las hormonas y a base de las evidencias experimentales recientes, de los estímulos nerviosos también.